Cuando el enfado significa espacio y libertad.
En este artículo intentaré demostrar que enfadarse es bueno si sabes cómo.
Te doy pautas para que puedas dirigir tus enfados para crear un espacio de libertad, en ti y en las relaciones significativas.
Si miramos el mundo humano desde una perspectiva simplista podemos destacar dos grandes categorías de personas: las que parece que acostumbran a enfadarse y las que parece que no se enfadan nunca.
Hay una parte de creencias detrás de cada posición.
Las que parece que acostumbran a enfadarse:
Puede ser que te enfades para sentir unos segundos la potencia de defender tu perspectiva y te demuestras a ti mismo/a el poder soterrado, por un instante parece que has llegado a estar en la cresta de la ola. Pero, según como hayas terminado la conversación, hay una parte de ti que te dice ‘esto no lo has hecho bien’, y posiblemente, te comerás el marrón o si estás con algo mas de disponibilidad a exponerte pedirás disculpas….. sea como sea sientes que algo no está bien.
Las que parece que no se enfadan nunca:
Para los que no os enfadáis abiertamente, también existe el efecto hipnótico momentáneo de creer que sois capaces más que nadie de sostener la presión y ahí se siente el orgullo de ser fuerte. La estrategia es que no se reflexiona, lo que ocurre fuera se pasa por alto, parece como si no existiera porque no se piensa y mientras, la búsqueda de actividad y ocupaciones crean la evasión. Tarde o temprano esta reflexión postpuesta vuelve, y seguramente con más intensidad para que no la pases por alto otra vez.
Cómo hacerlo mejor para no tener el ‘blacklash’ – el latigazo de después
- Saber que el enfado debe ser gestionado siempre.
- Saber qué es exactamente lo que te enfada. Hablar de hechos concretos con claridad.
- Constatar que la otra persona recuerda este hecho y preguntar si quiere hablar de ello. Si no, se postpone.
- Hablar en primera persona de qué sentimientos provocan en ti estos hechos.
- Hablar de las suposiciones que haces cuando pasa este hecho.
- Pedir a la otra persona qué podría ser diferente.
- Preguntar a la otra persona como lo siente.
- Agradecer el diálogo tanto si hay o no acuerdo.
El éxito de esta fórmula:
- Crea un espacio libre en la relación para hablar de temas delicados.
- Crea libertad personal para expresarse.
- Destierra el miedo a tener conversaciones difíciles.
- Crea seguridad en la relación.







