A pesar de toda la literatura escrita acerca de qué es lo que hace que un/a líder sea un/a buen/a líder o no, se sigue con la eterna dificultad de cómo gestionar personas.
«Una de las tareas más difíciles de una y un líder es entender que uno no es lo que es sino cómo los otros le perciben» – Edward L. Floom
Esto abre la mirada hacia lo importante que es estar atentos y atentas al impacto que tenemos en los demás, más que en lo que somos.
Frases que nos decimos y que nos dificultan ser sensibles a nuestro entorno:
«Yo soy así, no puedo cambiar, siempre me ha funcionado de esta manera, hay que mantenerse en lo que se cree, no nos podemos ablandar…»
Todo ello nos crea ceguera, son valores que posiblemente hemos heredado de nuestra educación o de experiencias pasadas que las hemos incorporado a nuestro fuero interno.
Seguro que en momentos determinados nos han funcionado, incluso han hecho que nos sintiéramos poderosas y poderosos delante adversidades, pero utilizarlas en exceso es un freno a la capacidad de leer cómo llegamos a los demás.
Querer abrirse a nuevas formas es un paso a aceptar que hay maneras diferentes de abordar las situaciones.
Según Boyatzis y Goleman en El líder resonante, sugieren que:
«Un buen líder debe ser capaz de generar colaboración, cooperación y confianza.»
Esto no viene solo. Para conseguirlo tenemos que pasar por diferentes etapas:
- Autoconciencia – Esta es la más importante. Reconocer nuestras emociones en cada momento es la capacidad de introspección. Un/a líder que carece de empatía se halla desconectado de sí mismx y de lxs demás. Lo que haga y diga será incoherente y causará desconfianza.
- Conocer nuestros límites – ¿Qué nos afecta?
- Gestionar nuestros límites – ¿Cómo gestiono mi enfado?
- Gestionar las relaciones – ¿Cómo aprendo a relacionarme mejor?
¿En cuál de estos pasos deberías poner más atención para considerarte un/a buen líder?




